Resilencia Floral

Estas flores, casi secas, agarradas de las ramitas de su árbol sin hojas, insisten en poner un poco de color en el blanco paisaje de mi ventana. Todo está en su contra: tres largos meses de frío, ese viento abusivo que las zarandea, nevadas y aguaceros gélidos casi cotidianos que pesan tanto sobre ellas que las hacen pensar en desistir como algo deseable… ¡y sin embargo resisten, y aún más, logran su propósito!

Flores de invierno

Todo un callado ejemplo de resiliencia, uno de tantos que abundan alrededor nuestro pero que solo noto cuando la vida me obliga a disminuir el paso.

Como hippie sesentero, “I stop and smell the flowers”, miro un poco más lejos y noto una hoja. Solo una queda en todo el bosque, rezagada desde el otoño pasado:

La última hoja del otoño

Marchita y decolorada, no tiene el sex-appeal de las florecitas, pero ahí está, en nombre de todas las demás que hace unos meses llenaban el bosque de verde. Se me antoja orgullosa, todo un símbolo de la esperanza de la primavera que viene, cuando de nuevo reinen hojas y flores.

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Un nuevo-viejo amor

Ahora que Burt Bacharach luce el sello de la Oficina de Inmigración de Colombia en su pasaporte, y añorando haber estado presente en su concierto allí, me consuelo con revisitar su discografía. Ya pasé por sus versiones originales, y por las versiones que él mismo ha hecho de esos originales. De allí hice visita obligada a las versiones de otros que lo interpretan, y que atesoro, aunque sea digitalmente, pues ya no tengo los discos: Dionne Warwick, Herb Alpert, The Carpenters, Frank Chacksfield, Sergio Mendes, Dusty Springfield, Elvis Costello… Un viaje delicioso que también me llevó a versiones que no conocía y a artistas nuevos para mí.

No todo lo que oí me gustó. Hay por ahí muchísimas versiones diluidas hasta hacerse insípidas, artísticamente estériles, o tan edulcoradas que hastían desde los primeros compases. otras, en cambio, me encantaron.

Así llegué a las versiones hechas por Trijntje Oosterhuis, una cantante holandesa de nombre

impronunciable e imposible de deletrear para un latino. la dama es dueña de una entonación y fraseo magníficos y de un timbre que está en algún lugar entre las divas negras y las divas blancas y que va muy, muy bien con la música de Bacharach.

Ella conoce de buenas compañías: la acompaña la Metropole Orquestra, una orquesta neerlandesa de primer orden, con arreglos respetuosos y la vez originales de esta música que tanto me gusta.

Así las cosas, la música de Bacharach suena a la vez fresca y conocida, igual que un nuevo-viejo amor. Ahí les dejo a  Trijntje Oosterhuis, cantando algunas de las mejores canciones Burt Bacharach:

Coletilla: la música de Bacharach es espectacular, y sus buenos intérpretes la perpetúan. Sin embargo, su apreciación no será completa sin las letras que le pusieron maestros como Hal David, Carol Bayer Sager o Elvis Costello. Para terminar por hoy, al azar, un pedacito de la letra de House is not a Home, escrita por Hal David:

A chair is still a chair, even when there’s no one sittin’ there
But a chair is not a house and a house is not a home
When there’s no one there to hold you tight
And no one there you can kiss goodnight

[Una silla sigue siendo una silla aun cuando nadie se siente en ella
Pero una silla no es una casa y una casa no es un hogar
Cuando no hay nadie allí que te abrace
Y te dé el beso de las buenas noches]

A house is not a home, B Bacharach, H David

Suena mejor en inglés… aún así, ¡Buenas noches!

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En defensa de la Música Ligera

“Mis padres tenían una caja de discos que se llamaba Clásicos ligeros de todos los tiempos donde había música de películas, obras clásicas y de todo, mezclando Mozart con Ennio Morricone. Esas palabras me habían pegado mucho y a mí me quedó sonando siempre la frase de “clásicos ligeros”. ¡Todo el tiempo vuelvo a lo que hacía cuando era chico! Es un momento en el que salieron muchísimas cosas: ideas musicales, yeites con la guitarra y cosas que ahora no se me ocurriría hacerlas. Por otro lado, había participado en el disco Conga, de Daniel Melero, tocando en un tema que se llamaba “Música lenta” que decía: “serán los efectos de la música lenta”. Y fue como una especie de respuesta velada, porque me impulsaron esa misma canción y los efectos de la música lenta. Después me acordé de los clásicos ligeros y de la música ligera, y empecé a escribir sobre lo que significaba un poco la idea del pop. Por un lado, no podés zafar de ello y siempre está bueno escuchar una canción así, donde no tenés ni qué pensar, porque simplemente está y te arrasa. Por otro lado, no es que te quede tanto, sino que es sólo un momento en la vida. Fue uno de los temas más instantáneos que tuvimos con Soda Stereo. Fue llegar a la sala, empecé a tocar el riff, y salió. Musicalmente, lo creamos los tres. La letra la escribí ahí mismo, no entera, pero parte sí. La mayoría de las veces la motivación para escribir, la inspiración, te sale de la misma música. La misma música tiene los ingredientes necesarios a la letra, hay algo de lo que me está hablando la música. En este caso era lo más liviano y lo más pop que podía imaginar, era como una canción que había estado guardada durante mucho tiempo ahí. Lo primero que siempre escribo es el estribillo, que aquí fue: “de aquel amor de música ligera”. Después habla de la música en sí: “ella durmió al calor de las masas y yo desperté queriendo soñarla”. ¡Es eso, es la música hablando! Entre nosotros sentíamos y sabíamos que ese tema iba a reventar. A veces lo sentís eso. Y por la forma tan instantánea en que salió fue como si la hubieran tocado diez mil grupos antes. Quizás no fue así… ¡la tocaron diez mil grupos después!”
Gustavo Cerati

Millennials hispanohablantes del mundo, tomad nota: Mucho antes de que Gustavo Cerati y Soda Stereo publicasen Música Ligera en 1990, casi al cierre de eso que se conocía en su momento como Rock en Español, el término Música Ligera ya existía, aplicado a un género de límites difusos y cambiantes, más o menos correspondientes al término inglés Easy listening, y que de alguna manera explica la letra de la canción de Cerati. Buena canción.

El término tiene una connotación peyorativa que no merece. Suele asociársele con versiones no vocales de canciones del genero pop, artísticamente estériles por cuanto difícilmente despiertan alguna emoción diferente de ganas de bostezar mientras suenan, aburridas, en un pasillo de Almacenes Tía, como un sonsonete que quasi-hipnotiza a los compradores como fondo para anuncios del corte de “… atención, compradores: los zapatos izquierdos están en este momento en promoción en la sección seis: pague uno y lleve el segundo gratis…”

La Música Ligera como género es mucho más, y puede ser mucho mejor que eso. En realidad, el término es mucho más complejo, y no hay acuerdo sobre lo que significa, excepto, quizás, por un común denominador: crear un ambiente,  usando con frecuencia (pero no exclusivamente) canciones pop que sonaban en la radio, y elaborando nuevas versiones con elaborados arreglos en los que la canción original es fácilmente reconocible, pero en un contexto diferente del que tiene el original. Por eso mismo, las grandes figuras de la música ligera suelen ser directores de orquesta, arreglistas y productores, en contraste con los cantantes y solistas del estrellato pop.

Aunque hubo Música Ligera antes y después, su tiempo de esplendor se extendió desde finales de los cincuentas hasta comienzos de los setentas. En este tiempo el genero evolucionó desde su origen en la música europea, agregando elementos de música orquestal clásica, romántica y nacionalista y folclórica, y de música impresionista. En Norteamérica abrevó en el Bing Band y el jazz melódico, y proliferó con el surgimiento de la música pop en la radio y como reacción a la creciente intencionalidad anti-establishment del Rock’n Roll y los géneros que él engendró.

En ninguno de los dos lados del Atlántico se alejó de la melodía como eje e hilo conductor ni de la armonización e instrumentación del estilo clásico como ropaje y herramienta para crear ambientes. En un comienzo, el ritmo solía ser lento, y la percusión, si la hubiera, jugaba un papel secundario. Por eso, las cuerdas y los vientos son elementos centrales en la Música Ligera: llevan la melodía con frecuencia reemplazando a la voz de las versiones originales, a la vez que permiten complejas armonizaciones que marcan el estilo. Las voces vinieron después, primero como sin palabras, y después como acentuación del mensaje al cantar la letra de las canciones. Percy Faith, Henry Mancini, Mantovani, Ray Conniff  o Roger Williams o Stu Phillips en Canadá y en los Estados Unidos, Bert Kaempfert, Werner Müller o James Last en Alemania, Frank Pourcel, Paul Mauriat o Raymond Lefèvre en Francia, Frank Chacksfield o Ronnie Aldrich en Inglaterra y muchos otros más son algunos ejemplos destacados de un genero con una especie de doble personalidad que a la vez podía (1)pasar inadvertido mientras que inconscientemente contribuía a construir un ambiente o un estado de ánimo, y que (2)por la calidad de los arreglos, interpretes y producción constituye un espectáculo en si misma, digno de atención consciente como forma de arte.

La intención no es mejorar, desplazar ni reemplazar a las versiones originales, y por eso la comparación entre las versiones originales y las versiones de música ligera no tiene mucho sentido. Son, simplemente, cosas diferentes que tienen elementos comunes.

La Música Ligera se extiende más allá de las versiones; hubo también importantes contribuciones originales al género. Dos ejemplos: Herb Alpert con el Tijuana Brass, que en los sesentas fusionó elementos mariachis y del jazz de California en una mezcla comercialmente muy exitosa. En la misma región, el compositor, arreglista y director Burt Bacharach escribió buena parte de la banda sonora de la música ligera de los sesentas en los Estados Unidos.

Sin embargo, con el tiempo, la Música Ligera perdió la batalla con la contracultura del Rock. Trató de aliarse con las nuevas tendencias a modo de rock sinfónico con resultados disparejos, o incorporando secciones rítmicas e instrumentaciones propias del Rock y otros movimientos (space age en los sesentas, disco en los setentas, por ejemplo) que en la mayoría delos casos solo aceleraron el declive de la Música Ligera y que no han envejecido nada bien. El estilo estuvo en crisis en los 80’s, para cuando se le consideró pasado de moda, superficial y sin valor. Curiosamente, resurgió con alguna fuerza a finales de los noventas, en buena parte por la presencia de esta música en las bandas sonoras de películas populares de ese tiempo.

Desde los sesentas la esencia de la Música Ligera se mezcló con otros géneros. Por una parte, desde su comienzo era frecuente que los arreglistas de artistas populares fueran estrellas de la música ligera. Por otra, algunos artistas pop adoptaron diferentes elementos de ella. Cantantes como Andy Williams o The Carpenters la extendieron y remozaron, y la industria re-etiquetó las mezclas de diferentes maneras como música lounge, soft-rock, música adulta contemporánea y otros que más o menos seguían las líneas de la música ligera, cada uno con sus cadaunadas. En ese sentido, está música se perpetúa hasta hoy y probablemente por mucho tiempo más.

Popular o no, la Música Ligera reside en las grabaciones en discos y servicios en línea, aunque muchos de sus mejores ejemplos sean difíciles de obtener. No son frecuentes las nuevas grabaciones, y por eso la mayor parte de esta nota está escrita en tiempo pasado. Sin embargo, para los que la disfrutamos, siempre ha estado viva. Por mi parte, me confieso fanático del genero, así suene un poco Kitsch.

Aquí, un interesante documental de la BBC honrando este género:

Coda: ¡Ah, y los rostros de mujeres hermosas en esas carátulas que! En el encabezado de esta nota, un pedacito de la portada de Le Lac Majeur, de Paul Mauriat, de 1972. Lástima que muchos de estos discos no se consigan fácilmente, y su arte impreso se ha perdido primero en la transición del disco de acetato de 12 pulgadas al formato CD, mucho más pequeño, y luego en el brinco a los servicios de música en línea.

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Flashback: Séptimo de Caballería, 1998

Reporto el feliz hallazgo de una copia del Programa Séptimo de caballería de Miguel Bosé dedicado a Alejandro Sanz y su música:

Recuerdo claramente el día que lo vi en el apartamento de El Poblado, y como me gustó entonces. Hay varias copias en YouTube, pero está tiene un sonido excepcional que la hace especial. No incluye las entrevistas, solo las canciones. La encontré anoche, y me gustó más que la primera vez, hace casi 20 años. Aparecen con este Sanz joven y lleno de talento, Ketama, Joaquín Sabina, Malú, Niña Pastori, Pacho Céspedes, Miguel Bosé y otros grandes… Hay que verlo.

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Para una noche bohemia…

Hace poco salió un nuevo disco de Sole Giménez, cantante parisina criada en España que tiene una carrera en solitario tan respetable o más que la que hizo como voz solista de Presuntos Implicados y que se ha movido hacia el Latin Jazz y algo que a falta de un mejor término llamaré “piezas neo-clásicas del cancionero hispanoamericano”. El disco se llama Los Hombres Sensibles, y hay que oírlo para hacerse a su propia opinión. Ahí queda esa tarea.

El timbre de la voz de la Giménez (¡y su fraseo, y ese vibrato, siempre oportuno y perfecto en la entonación!), las composiciones, la selección de temas, la pulida producción, arreglos y los músicos con que se rodea hacen de sus canciones un placer especial, muy personal, que yo prefiero disfrutar en dosis pequeñas para no caer en una especie de universo paralelo donde el tiempo marcha mucho más despacio frenado por una tristeza densa, pegajosa de la que uno regresa después de un tiempo y que de vez en cuando es buena, pero que en exceso, no.

Como aperitivo para los Hombres Sensibles, dos canciones: Primero, su versión de Un Ramito de Violetas (“Era feliz en su matrimonio/aunque su marido era el mismo demonio…”) que muchos de los sobrevivientes de la radio bogotana de comienzos de los setentas aprendimos de memoria gracias a Radio Tequendama y otras emisoras similares. La canción tiene más de cuarenta años, y aquí la Giménez la hace sonar tan fresca com si hubiera sido compuesta anoche. Perfecta para una noche bohemia:

La segunda canción, sin más palabras, es Alma de Blues:

Afortunadamente hay otros videos similares, que seguramente aparecerán al final de estos dos… mientras que los dejen en línea.

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Another two TED magistral lectures on music

A simple request that is as the same time an invitation: Check out these two TED lectures regarding the appreciation of music, one by Benjamin Zander  and the other one by Michael Tilson, Masters of their craft (including how to give a lecture!).

and…

Did you like them? You might like Bob McFerrin’s lecture.

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¿Tenés un cuarto de hora?

¿Tenés un cuarto de hora disponible?

Es que revisando mi caja virtual de cosas inútiles e importantes (¿inútiles?!!), me encuentro con esta presentación del canta-autor uruguayo Jorge Drexler (el de Amar la Trama, Al Otro Lado del Rio y muchas piezas más) en TED Talks, y convaleciente como estoy hoy, tengo tiempo y vuelvo escucharlo… y vuelve a ponerme a pensar. ¡Y de allí a ponerlo aquí solo hay un paso!

Así que, si tiene un cuarto de hora (ojalá que sí) escúchelo en esta charla sobre poesía, música e identidad:

Lo escucho hablar de identidad y de autenticidad usando como ejemplo la Décima como composición poética, y más allá de su claridad e elocuencia, paso a pensar en el viejo cuento del hacha del abuelo que su nieto consideraba original, pues (y a pesar de que) le había cambiado la parte metálica dos o tres veces, y el mango unas cuantas más… ¡y seguía siendo su hacha!

Es una vieja discusión: en una paradoja griega clásica, los atenienses mantuvieron el barco de Teseo intacto reemplazándole la madera dañada con madera nueva, pieza por pieza, hasta el punto que ha no quedaba material original alguno en el barco! Ahora, si se le reemplazó totalmente… ¿es el mismo barco?

Si después de más de cuatro siglos de creada, la Decima se hizo parte importante y popular de la poesía latinoamericana mientras que en España cayó en desuso… ¿Es todavía la misma Décima?

Si es cierto que mi cuerpo reemplaza la enorme mayoría de sus células cada cierto numero de años… ¿Cómo es que sigo siendo yo, muy a pesar del reemplazo de la “madera” de la que estoy hecho?

Una pista para medio-resolver este enredo: no es solo el material lo que determina la identidad. También está el propósito (cortar madera es la constante a través de las diferentes encarnaciones materiales del hacha, y en ese sentido esa herramienta sigue siendo el hacha). Siendo aun más aristotélicos, también están el diseño (forma), y el cómo y quién como determinantes objetivos y subjetivos de la identidad.

Pensándolo bien, esto va a necesitar más de quince minutos…. ¡Pero bueno, ya entrados en gastos, que sea este el comienzo!

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Poniéndolo todo en perspectiva

Dos reglas vitales que alguna vez me enseñó un paciente: 1. Uno solo debe preocuparse por lo que es importante. 2. En el gran contexto de las cosas, nada es verdaderamente importante.

Que pisé mierda esta mañana camino del trabajo, o que se me olvidó pagar un cuenta a tiempo… que hay un problema en la oficina, que los achaques van ganando el partido de la vida… que tuve una discusión con un familiar o un amigo… que los impuestos suben, que la política hiede, que millones mueren por causas prevenibles cada año y que muchos más sufren injusticias de todo orden…

Mucho del acontecer, es decir, muchos de los asuntos grandes y pequeños que nos ocupan, propios, compartidos o ajenos, cotidianos o extraordinarios, pasados, presentes o potencialmente futuros, muchos de ellos digo, hacen que el mundo se parezca por estos días más y más a una de esas bombas que dibujan en las tiras cómicas: un círculo negro con una mecha encendida que con seguridad estallará, y que estalle es solo cuestión de tiempo… y que se parezca menos a esa hemi-esfera de color azul intenso salpicada de blanco que contra un fondo oscurísimo observamos por primera vez  hace 50 años en LIFE. Entonces, absortos, miramos hacia nuestra casa por primera vez desde la distancia, ganando una perspectiva de finitud, de fragilidad, de gratitud, de temporalidad, de belleza y de responsabilidad que por desgracia fácilmente se diluyen hasta desaparecer en el día a día.

Fotografía de la Tierra desde la la órbita lunar

Tomada desde la cabina del Apolo 8 en diciembre 24 de 1968 por Bill Anders, esta icónica fotografía muestra a la Tierra elevándose sobre el horizonte lunar mientras que la nave orbita nuestro satélite natural. Crédito: NASA, https://www.nasa.gov/image-feature/apollo-8-earthrise

Es por todo esto que me pareció refrescante, útil e importante el esfuerzo actual de la NASA de mostrar permanentemente una vista de nuestro hogar desde el espacio, en tiempo real,  desde la Estación Espacial Internacional:

Aun sin la música ambiental (y sin los horribles comerciales que sorpresivamente la interrumpen), esta ventana a nuestra casa se me antoja a la vez reconfortante y profundamente perturbadora. Es una forma de slow-tv para reflexionar y ponerlo todo en su justa perspectiva.

¡Feliz domingo!

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La Mirla de Los Beatles

De pura casualidad me encontré con esta versión de Blackbird (creo se traduce al español como Mirla, pero no estoy seguro. De ornitología sí que no se nada). Hablo de la querida canción de The Beatles, esta vez interpretada por Jon Batiste, el mismo que dirige la banda que hace el acompañamiento musical para el Late Show de Stephen Colbert, y que dirige el Museo Nacional de Jazz de Harlem. Es para escucharla sin ánimo competitivo, tomándose su tiempo.

Un afortunado momento musical:

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Concierto de la NSO: “Retratos de América”

Es todo un bálsamo constatar que lo mejor de lo estadounidense permanece, a pesar del ruido actual y la incertidumbre que acarrea.

La Orquesta Sinfónica Nacional de los Estados Unidos (NSO, por sus iniciales en inglés), presentó anteayer un programa de música estadounidense llamado Portraits of America con trabajos de Aaron Copland, Leonard Bernstein, George Gershwin y John Williams. Excelente música con ejecución inmaculada que, aparte de cualquier consideración política/propagandística (en la que no quiero detenerme en este momento y lugar), sí llama la atención por destacar en este agitado período algunos de los elementos culturales y artísticos de este género  que hacen parte de la esencia de los Estados Unidos.

Claro es que no representa la amplitud del espectro de la riqueza cultural de este país. Ningún evento podría hacerlo, por cuestiones tanto de extensión como de profundidad. El repertorio escogido, sin embargo, es una muestra interesante de música clásica estadounidense: Comienza con el infaltable The Star-Spangled Banner, aquí con orquestación de Stravinsky. Confieso no sentir especial admiración musical por el himno, pero aquí despertó una nueva emoción en mi, mucho más allá de la pirotecnia bocal que uno suele escuchar en los eventos deportivos. Suena profundo y resuena en el alma, como los buenos himnos tienen que sonar (y eso sin la letra; en este caso es la música la que por si misma conmueve).

La ultra-corta fanfarria de Bernstein para la posesión presidencial de John F. Kennedy tiene una formalidad que contrasta con  la espontaneidad y riqueza melódica, rítmica y armónica de la Rapsody in Blue de Gershwin, aquí con la participación al piano de Jon Kimura Parker. No exagero: es aquí donde se consuma el matrimonio entre el jazz, la música popular, y eso que llaman música clásica. Aquí y no en otros lechos musicales. Hay que oírla una y mil veces: La Rapsodia Triste siempre revela nuevas facetas, no importa cuantas veces la escuche uno.

La sorpresa viene cuando al terminar la pieza, después de la ovación, Parker toca al piano Scenes from an Italian Restaurant, la canción de Billy Joel… y no suena raro. De hecho, nada suena fuera de lugar… todo es buena, magnífica música.

Copland escribió el Retrato de Lincoln para conmemorar el 200 aniversario del nacimiento de este presidente. Decidió incluir algunos pasajes de discursos y escritos poco conocidos del primer mandatario que son leídos en voz alta mientras suena la música. Es reconfortante y tristemente extraño escuchar una voz tan cuerda y profunda en estos tiempos de banalidad y cortoplacismo. Invito a leer la nota de npr sobre esta pieza, pero más que nada, a escucharla. Este es el texto que acompaña a la música:

“Fellow citizens, we cannot escape history.” That is what he said. That is what Abraham Lincoln said: “Fellow citizens, we cannot escape history. We of this Congress and this administration will be remembered in spite of ourselves. No personal significance or insignificance can spare one or another of us. The fiery trial through which we pass will light us down in honor or dishonor, to the latest generation. We – even we here – hold the power and bear the responsibility …
Lincoln was a quiet man. Abe Lincoln was a quiet and melancholy man. But, when he spoke of Democracy, this is what he said:
He said: “As I would not be a slave, so I would not be a master. This expresses my idea of Democracy. Whatever differs from this, to the extent of the difference, is no democracy.”
Abraham Lincoln, sixteenth President of these United States, is everlasting in the memory of his countrymen, for on the battleground at Gettysburg this is what he said:
He said: “That from these honored dead we take increased devotion to that cause for which they gave the last full measure of devotion: that we here highly resolve that these dead shall not have died in vain; and that this nation under God, shall have a new birth of freedom; and that government of the people, by the people, and for the people, shall not perish from the earth.”

Dije que no haría política ni propaganda. Por eso, aquí solo hago una pausa drámatica, y suspiro.

Y en otra tónica, de ñapa, el concierto cierra con una entretenida entrevista al director de la NSO, Gianandrea Noseda.

Medici.tv ofrece la grabación de este concierto por 90 días en http://www.medici.tv/#!/gianandrea-noseda-williams-copland-bernstein-gershwin. Como abrebocas, aquí está el trailer:

Creo que puede escucharse sin tener que suscribirse, pero hay que tolerar interrupciones con invitaciones a registrarse (ya en alguna ocasión hablé de Medici.tv y de como me gusta este servicio. Quien pueda hacerlo y le guste la música y el ballet, debería pagar la subscripción. Por la calidad de contenido, de video y sonido, vale cada dólar que uno invierte).

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